jueves, 20 de septiembre de 2018

El amor de mi vida.

Él era un hombre maduro, aunque su cabello ya estaba algo encanecido, no era tan grande de edad; tenía un aire interesante a pesar de ser un hombre muy apuesto; no entendía el porqué de la partida de su amada.
Se encontraba sentado frente a una mesa apenas alumbrado por una vela, a su derecha un reloj antiguo que, aunque viejo, marcaba la hora conforme avanzaban las manecillas dando cada hora, cada minuto, cada segundo; así venían a él los recuerdos. Al lado una botella de vino que no se animaba abrir y un libro que no terminaba de leer porque los recuerdos que venían a su memoria le atormentaban.
Sentía que el tiempo pasaba lentamente, mientras veía una y otra vez la misma hoja en su mente imaginando todo lo hermoso que pudieron vivir juntos; pasear una linda tarde, ver el guardar del sol, disfrutar de la lectura de su libro favorito. Solo estaba ese día, ese triste día que le dijo adiós al amor de su vida, y pensaba si le hubiese dicho "no te vayas", la hubiera detenido.
Y de pronto, él se levantó de esa silla decidido a no permitir que pasara más tiempo; cerró ese libro viejo y tomó su chaqueta, para salir a buscarla con el corazón más vivo que nunca y decirle que ella es y será por siempre el amor de su vida, que sin ella él no puede pensar, sentir, vivir; que volviera con él a terminar de leer ese libro viejo que los estaba esperando con sus hojas abiertas para terminar de leer lo que empezaron juntos.

El amor de mi vida



Amor otoñal

Por Amparo Pérez Flores y
Amalia González Martínez

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