Sin embargo, él le contaría todo a su hija y casi a punto de decírselo, entran unos hombres armados y se la llevan y a él lo drogan, fué lo último que vió antes de desvanecerse sobre el suelo frío.
Al despertar, se sentía nervioso y ansioso, intentaba recordar como llegó a ser parte de algo así, pues sabía que mucha gente moriría, pero él amaba a su hija y no tenía otra opción.
Murieron miles de personas. X, abrumado y con lágrimas en los ojos, no podía creer lo que estaba sucediendo. De pronto, sonó su teléfono y dijo: "Está hecho!"
De pronto, entra su hija a la habitación con una mirada de satisfacción y dice: - Nos fuiste de gran ayuda- y sale de la habitación sonriendo y entran los hombres y cierran la puerta.
Por Flora Morales Vargas y
Orlando Reyes Báez
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