jueves, 20 de septiembre de 2018

Madurez y libertad



Alicia fué una niña criada en el seno de una familia moralista. Su padre, general del ejército y su madre, mujer de mucha alcurnia, habían sido quienes le habían enseñado a vivir la vida a través de sus propios criterios. 

A los 21 años, sus padres le regalaron un viaje a España, Madrid para ser precisos. Aquella ciudad y la gente eran muy diferentes a todo lo que ella conocía, tanto, que todo le sorprendía. Llegó como invitada a casa de unos amigos de sus padres, Íker un pintor nato de carácter jovial y Natalia, mujer alegre enamorada de la vida. 
Alicia tuvo la oportunidad de vivir una temporada larga junto a ellos; tiempo suficiente para experimentar diversas lecciones de vida, así como disfrutar de la compañía de Ulises, un joven escritor sobrino de la familia, con una forma de pensar muy abierta, hecha así por sus múltiples viajes. Él fue uno de los personajes más importantes durante su estancia en Madrid, razón por la cual tomó decisiones importantes en su vida. 
Sin embargo, el día y la hora de volver a casa habían llegado. Alicia buscaba una razón para no partir y la tenía en Ulises, pero tal vez su educación, su moral, o esa idea sobre buenas costumbres que desde muy joven le fue insertada en una parte muy profunda de su ser, no la dejaba pensar con claridad.
Al despedirse, Ulises la tomó de las manos y notó el temblor de ella mientras la miraba con intensidad a los ojos y le sonreía con esa dentadura resplandeciente. Hubiera bastado cualquier señal, cualquier indicio de que el amor que ella sentía por aquel joven escritor era correspondido. Sí, hubiera bastado solo eso para que ella pudiera expresar las ganas inmensas de no partir jamás. Quedó muda ante el silencio de quien ella consideró era su más grande y único amor.

Alicia, finalmente regresó y aprendió que ser feliz no es cuestión de moral. Amar implica amarse a sí mismo, compartir no es sacrificar y la belleza de la naturaleza, la nobleza de la gente y el amor, no es algo que se deba condicionar. Después de ese viaje, Alicia regresó madura y comenzó a vivir en el momento que decidió ser libre. 


Por Fernanda Torres Sáenz y
Trinidad Teutle Toxqui

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